Ellos y nosotros

La idea básica detrás del Socialismo (en cualquiera de sus variantes) es que nosotros, los Ordinarios, no somos lo suficientemente listos para manejar nuestras vidas de un modo razonable; y por lo tanto ellos, los Excepcionales, tienen que hacerse cargo de la situación para imponer el orden necesario.

Lo justo y lo lógico

A nadie se le ocurriría cambiar el comportamiento de las leyes físicas para acomodarlas a su propia concepción de las cosas: sería ridículo clamar por la abolición de la gravedad, aún arguyendo lo injusto de que mueran tantos inocentes en accidentes de aviación. O pretender que el efecto Coriolis se invierta, por más que en el hemisferio norte ya estemos hasta la madre de que los huracanes giren en sentido contrario a las manecillas del reloj… Sin embargo, cada vez que una disminución en la oferta de algún producto ocasiona subidas en los precios, ahí va el coro de voces indignadas a clamar por la intervención del gobierno, con los consabidos argumentos de “la codicia de los ricos” y “los derechos de los pobres”. ¿Es que no han escuchado alguna vez de la ley de la oferta y la demanda? ¿No saben que dicha ley es tan inviolable como la ley de la gravedad? ¿De veras siguen pensando que imponer un precio máximo va a resolver el problema? Aprender de la historia no debería ser tan difícil, es simple sentido común aplicar las políticas que han tenido éxito en el pasado, y evitar las que han resultado desastrosas: un vistazo a la historia nos dice que imponer precios tope lo único que logra es que el producto en cuestión se haga aún más escaso, hasta el punto de llegar a desaparecer del mercado.

Lo mismo con el famoso salario mínimo: a pesar de toda la evidencia empírica que demuestra que este perjudica a los trabajadores con menor calificación, aumenta el desempleo, e inhibe el crecimiento de las pequeñas empresas, cada vez que un político se llena la boca de demagogia clamando por “lo injusto” de los bajos salarios, y de cómo él sí va a subir el salario mínimo, ahí va el coro de pendejos a aplaudir la “noble idea”.

Lo peor de todo es que, en cuestiones económicas, por lo general son los más ignorantes los que gritan más fuerte. Si cuando se habla de neuro-cirugía, o de física cuántica, los ignorantes del tema permanecemos respetuosamente callados y dejamos hablar a los especialistas, ¿por qué no ocurre lo mismo con la Economía, que es una ciencia tan compleja como la Física o la Medicina? En palabras del economista y libertario Murray Rothbard, “No es un crimen ser ignorante en Economía, que, después de todo, es una disciplina especializada que ha sido considerada por muchos ‘la Ciencia Lúgubre’. Pero sí es totalmente irresponsable emitir a gritos una opinión sobre temas económicos mientras se permanece en ese estado de ignorancia.”

The government gang

En un comic coreano (obviamente Corea del Sur: no creo que haya nada que califique como “comic” en el Norte) que cayó en mis manos hace unos días, uno de los personajes intenta convencer al protagonista de entrar a su pandilla, usando como argumento que los países y sus gobiernos no son más que pandillas glorificadas, cada cual defendiendo los intereses de sus líderes en sus respectivos territorios. ¿Qué se puede objetar ante semejante derroche de sabiduría? Por más que usen la retórica del patriotismo y disfracen sus intenciones con frases altisonantes, los gobiernos son sólo vulgares pandillas. Con testaferros uniformados, porta-aviones y armas atómicas, pero pandillas al fin.