The State is making everybody crazy

The State is the sole culprit behind the current mental health crisis.

– It all started with the takeover of primary education. The public school system transformed education into the systematic indoctrination of generation after generation of malleable children. Traditional values like family and religion were slowly replaced with the cult of the State. The impossibility to cover special needs (a “one-size-fits-all” approach to children/youth care) made bullying and youth alienation a regular occurrence.

– The welfare state, the criminalization of everything (ie. “illegal substances”), and the progressive crusades pushing for women’s “equality” eroded the cohesion of the traditional family, leading to fatherless children becoming a new normal.

– The warfare state created a cult of everything military, and a casual attitude towards violence and war. The pop culture, led by Holywood’s entertainment industry, made war “cool.”

– The academia was taken over by progressive intellectuals, pushing identity politics and victim mentality into universities and into the State’s bureaucratic framework.

– The State’s regulatory framework made illegal healthier alternatives for pain relief, imposing new poorly researched psychotropic substances into the market.

There’s no easy way out of it. Adding laws and regulations on top of the existing chaos will do nothing but worsen the already ugly landscape; only stripping the State of its power, and returning individuals the control and responsibility over their lives, can have a lasting positive effect.

El Reino de Este Mundo

“Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gente que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el reino de este mundo.”

– Alejo Carpentier, El Reino de Este Mundo


“Now he understood that a man never knows for whom he suffers and hopes. He suffers and hopes and toils for people he will never know, and who, in turn, will suffer and hope and toil for others who will not be happy either, for man always seeks a happiness beyond that which is granted to him. But man’s greatness consists in the very fact of wanting to be better than he is. In laying duties upon himself. In the Kingdom of Heaven there is no greatness to conquest, because there everything is an established hierarchy; the unknown is revealed; never ending existence; impossibility of sacrifice, repose and delight. For this reason, burdened by suffering and duties, beautiful in the midst of his misery, capable of love even in times of plagues, man can only find his greatness, his fullest measure, in the Kingdom of this World.”

– Alejo Carpentier, The Kingdom Of This World

Agnosticismo 2.0

Durante la mayor parte de mi vida me consideré agnóstico, en el sentido de alguien que no cree en la existencia de Dios, pero aún así está dispuesto a examinar cualquier evidencia a favor de la tesis de un Creador. Dicha evidencia habría tenido que ser muy sólida, porque la simple aparición de una virgen anunciando a Dios no me habría llevado más lejos que a la certidumbre de padecer de esquizofrenia; pero aún así siempre me consideré “agnóstico”, no “ateo”.

Sin embargo, en los últimos años mi agnosticismo se ha ido transformando en el de alguien que considera todo este asunto de la Creación como algo que simplemente está más allá de toda posibilidad de comprensión. El Creador que se deja sospechar detrás de cada nuevo evento se parece más a ese tipo que desencadena el peor incendio de la década después de tirar el cigarro desde la ventanilla del auto, y ni siquiera se da cuenta de que todos esos helicópteros, bomberos y sirenas son la consecuencia directa de su acción. O, por momentos, a uno de esos programadores mediocres, creadores de código inelegante, insípido e innecesariamente complicado, que termina produciendo software feo, ineficiente y lleno de bugs.